28 de febrero de 2014

el vaquero de Guápulo



Con 74 años y tras las votaciones a las elecciones para la Alcaldía de Quito, Eloy Rivera, alias Babá, dio su ultimo respiró .
El día de su entierro amaneció como si el cielo se fuera a caer.
Desde bien temprano tres hombres cavaron su tumba.
Cuentan que el que fuera uno de los mas famosos vaqueros en las fiestas de disfrazados del barrio, terminó sus días en casa de unos campesinos, alejado por años de su familia.
En la tarde de ayer volvió a su barrio natal para ser enterrado.
Decenas de vecinos que lo conocían asistieron al sepelio, allí estaban el matrimonio del Palo Santo, Doña Norma, Don Aníbal, Doña Laura y Doña Tránsito entre otros.
El hijo de Adolfo Guachamín se vistió de café en honor al traje de vaquero de Don Eloy.
Me contaba historias de el mientras sonreía.
Porque como la vida, la muerte es una burla.

9 de febrero de 2014

el cumple de Javi

Tan solo 350 días antes que yo nació mi hermano Javi.
Nos llevamos la cuarentena de reposo.
Cuando éramos pequeños, a el siempre le regalaban los ibertrenes que yo quería y a mi las muñecas que no pedía. En mi furia de regalos me ayudaba con sus trenes a atropellar a mis muñecas.
Le prendíamos fuego a la casa o molestábamos a nuestra vecina Charo.
Íbamos juntos a la guardería y su inmenso disco duro me recuerda cosas de aquella época.
Es increíble la memoria de mi hermano.
A mi hermano siempre le gustaron los trenes.
Teníamos un abuelo ferroviario, al abuelo Luis,  que tal vez le contagió esa afición.
Desde que tengo una cámara en mano, cada vez que un tren se ha cruzado en mi vida, le he hecho una foto, por supuesto siempre para mi hermano.

Feliz edades Tato.
Gracias por haberme ayudado a atropellar muñecas.



6 de febrero de 2014

el campeón del bus


Mi padre era el mejor de su pueblo jugando al mus.
En realidad era el mejor jugando al mus con los colegas de cualquier bar de cualquier barrio.
Cada año los estantes de nuestra casa, los de la casa del pueblo, los de la casa de la abuela y algún que otro trastero se iban llenando de los trofeos que mi padre ganaba.
Alguna vez insistió en enseñarme a jugar al mus pero yo solo pensaba en el espantoso regalo que te daban por ser la mejor y prefería hacerme la tonta y no aprender.
El otro día me monté en el bus y ví el trofeo más grande en las manos de alguien.Y pensé en mi padre.
Y pensé en los hijos del campeón del bus.
Y me imaginé sus estantes y los de la casa de mi abuela.
Parece mentira que cosas tan feas te traigan tantos recuerdos.